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sábado, 28 de mayo de 2011

Día 33, aunque debería ser 32 porque sigo pensando en ayer.

Fátima fue un antes y un después.

Lo fue, Sarai, lo fue. Fue una alegría verte ayer. Fue una pena tener que decirle a Gabri que yo no iba, no iba a tenerme ahí para cantar con él Corazón de Tango, la única canción que se sabe con la guitarra. No pasa nada, te ayudará mi hermana.

Pero ayer rescaté un recuerdo que había olvidado, no sé si consciente o inconscientemente. El cerebro es inteligente y se encarga de olvidar lo que nos hace sufrir, quizá por eso aquello que tan feliz me hizo lo borró. Lo recordé cuando Emiliano se bajó del autobús con una pegatina enorme para ponerla en la parte de atrás, donde ponía PAÍS VASCO y alguna referencia a la Jornada Mundial de la Juventud.

Y entonces me vino a la cabeza el último mayo, yo con mi chaqueta quechua morada y las zapatillas vaqueras, esas en las que Mario escribió Whatever they say, I'm not y que enterré después de fiestas de Bilbao. Íbamos a bajarnos del autobús cuando Emiliano nos llamó, a ti y a mí. Podía haber llamado a cualquier otro y nos llamó a los dos. Poner el cartel juntos en el autobús estuvo genial. Aquel momento lo vieron todos los que estaban allí, aquel momento fue todo lo que pudimos haber sido y nunca fue. Menos mal que ayer no estabas, porque ayer se me empañaron los ojos de nostalgia.

Pero solo por un momento.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

What if I say I am not like the others.

Hace poquito más de un año, me encontré con Mario.

Conocí a Mario a la vez que a JuanDa. No, miento, a Mario le conocí un poco antes. Minutos antes. Mario dormía en la habitación de al lado y no le había visto en mi vida. Me sorprendió cómo era, la fuerza con la que golpeaba su tambor, su amor por Ana. Ana y Mario han nacido para estar juntos.

Aquel fin de semana que le conocí, Mario ya cambió mi vida. Me dijo que cuando algo mal en tu vida, tienes que cogerlo por los cuernos y a tope con ello. Poco después, cenábamos en Elorrio bajo una tormenta de nieve impresionante. Yo fui al baño, él hablaba con Ana fuera. Y me dijo Eh. Está nevando. Fue entonces cuando me di cuenta de lo especial que era este chico.


Después me llevé la alegría de mi vida cuando vi que iba a Portugal. Fue un apoyo. Fue una de conversaciones geniales desde la primera noche. ¿Te acuerdas de la pedazo de cena? Yo nunca la he llamado Sofía. Ese abrazo que me levantó del suelo. Y otro fin de semana compartido hace poco.

Porque tú, Mario, has sido desde el primer día alguien especial, alguien que se merece que le admiren. Eres sencillez, humildad, siempre en segundo plano, siempre queriendo ayudar, siempre pidiendo por los demás, eres la sonrisa continua y, por encima de todas las cosas, no eres pequeño, sino muy muy muy grande.



Todos somos hermanos sí, pero unos siempre se sienten más adentro. Que yo sea de Bilbao y tú de Donosti, que nuestras madres no sean las mismas y tampoco nuestros padres, que te vea una vez cada mil días... Eso da igual. Eres mi hermano.