miércoles, 31 de agosto de 2011

88.

Me he pasado cuarenta y nueve días, que se dice pronto, haciendo algo diferente cada día. Me quedan trece días de libertad sin pisar Vitoria y sin levantarme a las seis de la mañana y no quiero, ni mi cuerpo ni mi estado de ánimo lo permitiría, pasármelos yendo solamente a tomar algo, al mismo bar de siempre, a hablar de los mismos temas, a estar mirando el reloj cada dos minutos para ver si el tiempo pasa más rápido para volver a casa a ver una peli. Con veinte años, mis amigos están hechos unos abuelos y tienen que sacar de paseo a una niña de cinco primaveras de mentalidad que quiere ver el mundo más allá de nuestro pub de todas las tardes.

Y luego preguntarán que por qué escapo o por qué hago planes con otra gente hasta tener la agenda llena hasta arriba.

Y cuando nadie me aguante más, diré que ha sido todo por culpa de los demás.

martes, 30 de agosto de 2011

87.

Lo peor de que te vayas a vivir a Vitoria es que no voy a volver a verte llegar al aulario envuelta en tu bufanda a las ocho y cuarto de la mañana, cuando yo me despierte en el bus y seas lo primero que vea de la universidad.

lunes, 29 de agosto de 2011

Cumplir un año menos.

Es muy tentador, cuando cumplimos años, pensar en todo lo que dejamos atrás. En toda esa gente que el año anterior estaba con nosotros y este año no. En cómo estaba nuestra realidad el año pasado y en cómo está en el presente. En todo eso que hemos vivido y sentido durante todo este año, hasta llegar, una vez más, a darnos cuenta de que somos un poco más mayores.

A mí no me importa. No tengo crisis de los veinte, ni de cambio de década. Cuando era pequeña, eso de llegar a esta edad me parecía imposible. Soy superfeliz de poder decir que tengo veinte años, que sigo viva, que esto merece la pena y que la vida me sigue sorprendiendo. También soy superfeliz porque ayer en la celebración estaban mis amigos, estaba mi familiamigos y estaba mi familia. Estuvo toda la gente importante, incluso los que estaban lejos llamaron por teléfono.

Se me llenaban los ojos de nostalgia, porque me habría gustado cumplir un año menos, para no tener que saber las cosas complicadas que hay ahora en mi vida. Pero la nostalgia se marchó enseguida.

Lo mejor de este último año ha sido descubrir a personas que creen en mí y que me quieren un montón, aunque a veces me pregunto por qué. Ayer les agradecía profundamente que encendieran los mecheros cuando las luces se apagaron a las 00:00 para escuchar a Melendi en concierto y que me cantaran cumpleaños feliz. Agradecía los Felicidades al oído, los abrazos, los tirones de orejas, las llamadas de teléfono aunque casi no oía a la persona que me llamaba, los regalitos, los chivatazos de "Es su cumple".

Una de las cosas por las que me habéis salvado es por lo querida que me hacéis sentir.

GRACIAS. Espero teneros a mi lado muchísimos años más.

miércoles, 24 de agosto de 2011

86.



¡Son como Pin y Pon, 
a todas partes van juntos!

miércoles, 10 de agosto de 2011

Querido julio:

tu primer día fue fiesta, una de las más grandes, hubo decepciones, comidas en la calle, faldas azules, enfermería de noche, muchas muchas canciones, muchos juegos de cartas, cerveza de bar en bar. Los siguientes días hubo playa, coche, azul, no hubo Pagasarri, no hubo monte. Hubo empezar a ordenar cosas para meter en la mochila, sin olvidarme de la ilusión. Los siguientes días fueron un montón de tiendas de campaña naranjas y de indio, muchísima agua y viento, frío del que te saca sonrisas, diecinueve chavales más grandes que la copa de un pino, siete monitores que valen más que un helado de limón. Cincuenta kilómetros llenos de sudor, masajes, sonrisas, conversaciones geniales, selección natural y alguna lágrima pero una recompensa enorme al terminar las etapas, llegar a las cumbres y a la casa de aquel señor que nos lleno todas las cantimploras de agua dos veces. Muchas pulseras de hilo, muchos juegos nocturnos, muchas heridas en las piernas y mucha piscina. Has sido una cara blanca, cejas negras y labios rojos de mimo. Querido julio, eres noches llenas de estrellas, limpieza de baños, la tienda de Paco, todas las cosas que he perdido y he recuperado, todas las noches vigilando tiendas de campaña. Querido julio, has sido una vuelta a las raíces que me hacen tener una familia menesiana, has sido todas las cervezas que me tomé allí, todos los sitios visitados, cada vez que canté el ComoJu, la casa de campo, la habitación de Juan María, la vez que nos perdimos en Saint Maló, la gran tarde que pasamos en el Mont Saint Michel, las seis cuerdas de mi guitarra, las noches de charleta, la noche que se me ignoró deliberadamente, todas las partidas de la Nintendo DS, todos los bocatas que nos comimos, todas las bromas que - me - hicieron, la eucaristía donde la paz era dando abrazos. Querido julio, has sido un viaje hasta Sopelana en metro, una playa llena de piedras, un baño en aguas frías, Santutxu y una hamburguesa enorme.

Querido julio, gracias una vez más por ser uno de los mejores meses del año. Nos hemos vuelto a ver, y creo que durante todo el año estás pensando en nuevas aventuras para el siguiente julio. Gracias por hacerme tan feliz.

PD: Agosto, la próxima carta será para ti.